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De La Prisión a La Victoria

Escuela Iberoamericana de Coaching
Publicado de Arianna Fischietti · 3 Mayo 2020

En algunos momentos de la vida pareciera que sentimos que estamos entrando en ciertas prisiones. Y reflexionando en estos días me he preguntado si es que alguien nos mete ahí dentro, alguna circunstancia externa o somos nosotros mismos quienes entramos a ese lugar?
Si hablamos desde lo físico, entendemos que se llama cárcel a una institución autorizada por el estado para encarcelar y aislar de la sociedad a aquellos individuos que han desobedecido la ley. Estas personas son encerradas meses, años y en algunos casos para toda la vida. Son personas que entran en estas prisiones como consecuencia de transgredir una ley, la natural, la que escribe el hombre. Desde mi mirada pueden haber otro tipo de prisiones, las espirituales y/o emocionales, y esas prisiones pueden llevar varios nombres, culpa, resignación, humillación, rechazo, violencia, victimismo, manipulación, ansiedad, entre otros muchos nombres, que dependen de quien la habite.
Entonces pudiera permitirme decir que las prisiones espirituales y/o emocionales quizás son más fuertes que las físicas. Y qué me hace decir esto? Quizás porque creo que cuando alguien entra a una prisión física previamente tenía algún conocimiento de la consecuencia de sus acciones. No estoy hablando de aquellos que están en estos espacios siendo inocentes. Supongamos que nadie es inocente en estas breves líneas.
Todos los que hemos estudiado coaching ontológico sabemos que los coaches, con la experiencia aprendemos a escuchar en los mensajes, en la voz, en los gestos y más allá de las simples palabras, algunas emociones y algunos juicios, nosotros los coaches, los llamamos quiebres. Aún y cuando alguien pueda decir que todo está bien. Entre algunos de ellos puedo mencionar "la rabia de no sentirme escuchada y por ello no valorada", "el miedo a sentirme rechazada", "la tristeza de sentir que mi dignidad se fue justo detrás de aquella pareja, jefe o amigo/a que ya hoy no está", "la ansiedad de no saber vivir el presente"... Y es aquí donde quiero detenerme. Porque justamente en este momento de tensión, parece que la prisión más común de todas es la ansiedad. Sin dejar de perder de vista que los otros nombres apliquen igual al material siguiente.
La ansiedad es una reacción de tensión, es sentir que se pierde el control totalmente, es una sensación de peligro inminente, algo nuevo viene y no puedo manejarlo. Hay una ansiedad normal ante algunos eventos cotidianos, como por ejemplo actividades por resolver en el trabajo, o alguna conversación pendiente con mi pareja para solventar alguna diferencia. Pero existe otro tipo de ansiedad, que puede encerrarnos en una prisión muy dolorosa y que acecha minuto a minuto. Es ese estado de ansiedad que nos quita la paz, nos roba el disfrute, nos quita la capacidad de reflexión, nos hurta nuestros mejores sueños. Nos enferma físicamente, nos resta la capacidad de conciliar el sueño de manera profunda, lo que a la larga se deriva en contractura muscular crónica, migrañas, cansancio extremo, fibromialgia, en casos extremos se cae en ataques de ansiedad o conocidos como ataques de pánico, entre otras muchas, que describen médicos especialistas en el área.
Cuando nos encontramos en esos momentos pareciera no haber salida, porque se escucha y se siente un poco aterrador, pero la buena noticia es que sí las hay. Una de ellas, a nivel físico y psicológico, es la psicoterapia, con psicólogos y/o psiquiatras, algunas terapias, algunos medicamentos especiales para ello y se sale de la crisis. Pero hoy quisiera regalarte una salida diferente a la que habitualmente conocemos e inclusive complementaria a la que te menciono anteriormente. Y hablo de una salida espiritual.
Pongamos un poco la lupa en lo que nos regala el libro con más sabiduría en el mundo, la Biblia. En Filipenses 4:6 Pablo nos enseña una forma. Cuando Pablo escribió esta carta estaba justamente en una prisión, pero en esta oportunidad física. Pablo en ese momento, y digo ese momento porque estaba prisionero, invitaba a la gente a no preocuparse por nada, sino que más bien oraran por todo (y quisiera abrir un paréntesis para explicar, a quien no lo sabe, que orar no es otra cosa más que hablar con Papá, con Dios, solo eso). Pablo nos invita a hablar y a contarle a Dios lo que necesitamos y que antes de eso le agradezcamos por todo lo que Él ha hecho en el pasado por nosotros. Nos revela, desde su propia experiencia, entre esas rejas físicas, que así mismo podemos experimentar en lo emocional y espiritual, tal como él lo hizo, una paz que sobrepasa todo lo que podemos entender, la paz que viene de Dios. Esa única paz que cuida el corazón y la mente.
Hoy quiero decirte que esa paz es posible de alcanzar, no sólo leyendo la palabra, orando y acercándote a la fuente de la creacion, Dios. Quiero invitarte a revisar ciertos principios en lo terrenal que he aprendido siendo Cristiana.
La Nada y el Todo
Hemos crecido quizás en la cultura del silencio. Estamos tal vez acostumbrados a escuchar que "calladitos nos vemos más bonitos" y con esto lo que probablemente ocurra es que cuando no expresamos Nada, Todo nos pone ansiosos. Entonces pareciera que una clave importante aquí es invertir la fórmula, para que Nada nos ponga ansiosos, vamos a tener que expresarlo Todo. El dilema está en que quizás muchos consideran con fervor que expresar todo, tiene que ver con expulsar como un volcán lo primero que nos pasa por la mente conjuntamente con las emociones que disparan esos pensamientos. Qué hacemos entonces? Quizás corremos al mejor amigo o la mejor amiga, o a la pareja, o al jefe, o a cualquiera, que quizás dentro de su mundo, también esté en su propia prisión o por el contrario que no pueda entendernos, no porque no quiera, sino tal vez porque nunca ha estado en una y quizás también parece a veces injusto arrastrarlos hasta la nuestra. Qué pasaría si esta vez lo primero que hagamos sea hablar con Dios y expresarle todo aquello que nos pasa dentro de esa prisión?
Verbo Propio vs Peticiones
Cuando hay un deseo hay que expresarlo, cuando hay un anhelo hay que expresarlo, cuando hay una situación hay que expresarla, cuando hay una petición hay que expresarla. A quién? Bueno miremos un poco.
Hazle saber todo a Dios. Como ya les dije antes, orar es hablar con Dios, ni más ni menos. Orar es abrirle el corazón a Dios. Pero lo interesante de esto es que solemos orar así como escuchamos que otros lo hacen. En algún momento escuché a uno de mis pastores   preguntar, "Cuántas veces has orado con una oración que no es la tuya?". Quizás al principio no entendía lo que intentaba explicar, porque mi respuesta inmediata en ese momento fue, "Todas son mías", pues no, mi sorpresa fue que aprendí a orar escuchando a otros, por religiosidad más que por intimidad y comunión con Dios. Entraba en esa conversación con un sin fin de confesiones disfrazadas, es decir, oraciones que no eran las mías, eran las de muchos a los que escuchaba orar en la iglesia, en reuniones antes de comenzar a trabajar, entre otras. Pero no eran las mías. Y la clave según este pastor era abrirle el corazón a Dios, "y cómo se hace?", fue lo primero que me pregunté.
Con el tiempo, entre crisis, procesos, tormentas, desiertos y algunos altibajos emocionales y espirituales aprendí que abrir el corazón a Dios es abrir esa conversación como si tuvieras literalmente a Dios frente a ti, con honestidad, con la transparencia de la intimidad y la comunión de quien te ama. Dios nos conoce en todo tiempo y en todo lugar, solo espera que nosotros le contemos nuestras peticiones, anhelos, sueños, situaciones, TODO. Para qué? Muchas veces tenemos el problema en la cabeza con una confesión disfrazada. Tenemos un problema enorme y entramos en esa conversación con Dios desde lo religioso, alabamos desde la cabeza y con el corazón roto, pero Dios está esperando a que le hablemos con la honestidad del corazón y no con los disfraces y fachadas de la mente, que expresemos, Él quiere saber lo que está pasando en nuestro corazón. No quiero decir que no se alabe en tiempos de crisis, al contrario, sí, hagamoslo, pero también en medio de esa alabanza es lindo poder expresarle con honestidad el problema que nos está pasando.
En una oportunidad estaba en la iglesia, en medio de la alabanza, para quien no sepa lo que es, es el tiempo previo a la prédica del pastor en donde se prepara el espacio para adorar a Dios y escuchar su palabra. Y en medio de ese tiempo tenía mis manos levantadas y cantaba las canciones más hermosas que había escuchado, agradecía por todo lo que tenía y lo que sabía que llegaría por su gracia y amor infinito. La prédica del cielo. Tomé mi carro y volví a casa. Esa noche cuando entré en oración con Dios, en la intimidad, seguía sintiendo mi corazón literalmente roto, sentía mucho dolor y vacío, e inclusive rabia, pero tenía que orar como había aprendido en la iglesia de otros que sabían más que yo. Me sentí inclusive frustrada, cómo era posible que luego de esa prédica del mismo cielo y esa alabanza en la que quizás muchos ángeles estaban como músicos y cantantes, yo siguiera sintiéndome rota?. En ese momento sentí que Dios habló directamente a mi corazón y me dijo, "Hija cuéntame qué te pasa, cuál es el problema que hoy te aqueja?" y justo en ese momento tomaron sentido las palabras de aquel pastor que preguntó si mis oraciones eran mías. Mis confesiones disfrazadas estaban saliendo a flote. Y justo ahí entendí lo que era abrirle el corazón a Papá. Esa noche me liberé de mucho, lloré frente a quien más amor me ha demostrado en la vida, aún en sus profundos silencio. Sentí que mi corazón comenzaba a restaurar
A dónde quiero llegar con esto? Este pastor habla de dos distinciones, que para mi fueron claves para salir de esa prisión particular en la que me encontraba. Una es Sinceridad Obejtiva y la otra es Declaración Positiva. Veamos que son...
La sinceridad objetiva tiene que ver con usar el lente correcto para mirar lo que está sucediendo. Es exponer lo que realmente te aflige, como cuando te miras frente al espejo y te confiesas eso que no le dices a nadie, eso que quizás ni a tu mejor amiga/o le dices por vergüenza. Dios lo sabe todo, Él nos conoce como nadie, más que mamá y papá, solo está esperando a que puedas escucharte también tú para que cuando Él obre en ti, puedas mirar un camino más claro. Pero para ello necesitas declararle lo que te aflige. Una de las frases que más me gusta decirle a Dios es..."Papá mío te abro mi corazón completo, esta soy yo, sin fachadas ni disfraces"...creamne que pareciera que nos entregara la llave para al menos pensar en salir de esa prisión.
La declaración positiva tiene que ver con entrar en el problema y dar por hecho que Dios va a saber el mejor camino para sacarnos de ahí.
Tal vez lo que nos pase a muchos es que cuando estamos en un problema, crisis o evento que nos encierra en una de esas prisiones, nos olvidamos de la sinceridad objetiva y nos vamos directamente a la declaración positiva. No es que no haya que hacerlas, pero quizás el paso previo de esas declaraciones positivas es comenzar a orar con una sinceridad objetiva. Miremoslo en lo literal. Si tenemos un problema con la impresora en el trabajo o la casa, llamamos a alguien, pareja, amigo, técnico, especialista, etc...que es lo primero que hacemos? Le contamos el problema con el mayor de los detalles... Para qué? Para que sabiendo exactamente lo que le pasa a la impresora pueda, o ayudarnos desde la distancia o acercarse ya sabiendo quizás lo que debe hacer. Con esto no quiero decir que Dios necesita que nosotros le expliquemos, es cómo impacta en nosotros el ponernos esos lentes correctos para escuchar con objetividad lo que nos está pasando y entonces dejarnos guiar por el Espíritu de Dios y que la Declaración Positiva tome su propio lugar.
Llegado a este punto cómo saber que tenemos o no respuesta, si aún no ha pasado nada distinto?
En el Mientras, Quizás la Primera Respuesta sea la Paz
En este momento mundial, en el que todos atrevamos la lucha ante un virus, que parece tener más fuerza que la humanidad entera,  algo de lo que escucho es que algunos, por no decir muchos, se sienten encarcelados, como prisioneros en sus propias casas. "Pareciera que Dios se olvidó de la tierra y de sus promesas", otras de la cosas que he escuchado, con mucha tristeza.
Hoy quiero decirte que quizás la primera respuesta a esa oración con Papá, sea la paz. Esta paz que te digo no puede ser explicada. Muchos de los que me conocen, me llaman preocupados porque no me ven como la antigua mujer llena de miedo y angustia, por ella, por sus hijos, por la comida, etc...es que esta paz que da Dios, como lo mencioné al inicio, es una paz que sobrepasa todo entendimiento, "En plena pandemia, sin salir de casa, y cuando se hace, medidas sumamente extremas, de verdad puedes tener paz?", fue una de las cosas que me escribió una conocida en estos días. Mi respuesta fue sí. Desde lo natural solo puedo hacer hasta donde yo puedo hacer, obedecer, tomar las medias que recomienda la OMS e intentar ser lo más creativa para distraer a mis dos hijos dentro de casa, pero el mejor blindaje y el más poderoso que he encontrado, para mi corazón y el de mis hijos, en esta pandemia, ha sido la paz que me ha dado la intimidad con Dios.
He entendido que tal vez Dios responderá cuando entendamos que la verdadera respuesta es la paz que sobrepasa todo entendimiento, aun cuando no entendamos ni cómo la tenemos y mucho menos qué es todo esto que pasa, se llame como llame. Las paz es la respuesta que tal vez necesitas en este momento. La paz es una señal de que Dios quizás ya respondió.
Ahora bien, pareciera que todo va bien hasta ahora. Pero quiero ir más profundo aún. Mirando el fenómeno de la prisión emocional o espiritual de cada uno, el momento mundial que como humanidad estamos atravesando y esto de la sinceridad objetiva y declaración victoriosa, me he preguntado, estamos en este tiempo viviendo una prisión o estamos entrando en un proceso de victoria? Veamos.
Al pensar en esto, recuerdo la historia de Jesús en su última noche, la cual podemos leer bien explicada en Mateo 26:17-46. Fue literalmente la peor noche de su vida. El contexto de este evento es que Jesús acababa de tener su última cena y fue bastante tensa, descubre a Judas, puso en evidencia lo que haría, de camino al Huerto de los Olivos (Getsemaní) le dice a Pedro que lo va a negar y a sus discípulos que lo van a abandonar. Él sabía lo que pasaría y vendría...ahí se aparta para orar y les dice a Pedro, Juan y Santiago "Mi alma está destrozada de tanta tristeza, hasta el punto de la muerte...", se adelanta un poco más para orar y eleva su palabra a Papá y le dice "Padre Mío! Si es posible pasa de mi esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía". Esta fue la peor noche literal para Jesús, en su humanidad completa le pedía a Papá que pasara esa copa, y esa copa no era más que esa noche. Esa noche Jesús sudó sangre (Lucas 22:44), esto se llama Hematidrosis, Hemohidrosis o Hematohidrosis. Esto desde la ciencia médica, se trata de una respuesta fisiológica a una situación de estrés máximo (sorpresa!!! Ansiedad a millón!!!). Se ha descrito únicamente en personas que sabían con certeza que iban a morir pronto, debido a una agonía tan fuerte que estimuló la excitación del Sistema Nervioso Simpático sobre las glándulas sudoríparas, que explotaron por la acumulación de la secreción en sangre, por causa del estrés máximo, por ejemplo como los condenados a muerte o en situaciones de guerra. Pueden imaginar el nivel de ansiedad del cuerpo de Jesús en ese momento? Estuvo sujeto, desde su humanidad, a un tipo de estrés, ansiedad, miedo, terror, como queramos llamarlo, que le provocó en su organismo una descarga del sistema nervioso, efectos cardiovasculares y metabólicos, que cursaron tan fuerte por su cuerpo que cutánea y abdominalmente desplazó un gran volumen de sangre por su cuerpo y rostro. Todo esto sucedió no casualmente en el Huerto de los Olivos. Dios definitivamente no juega al azar.
El Getsemaní era el lugar donde se trituraba y prensaba las olivas para sacar el aceite. Primero trituraban y luego prensaban. El primer aceite era el más fino, el de mejor calidad, se usaba para los altares de Dios, para el templo, para la unción. El segundo era utilizado para perfumes y como especies. Y el tercero para encender las lámparas. Si hacemos una analogía con lo que les mencionaba al inicio, cuando entramos en esas prisiones lo que sentimos es que estamos siendo triturados y prensados en nuestros Getsamanies. Ahora bien, al pensarlo quizás puedo sentir que ninguno de nuestros Getsemanies se comparan con el de Jesús, pero si podemos hacer ciertas cosas que Él hizo en ese momento. Algunas acciones que quizás, llevándolas a nuestro presente, me llaman a la Victoria para nosotros también.
Quizás puedo pensar que muchos de nosotros, en el lugar del mundo en donde nos encontremos ahora, estamos pasando por un Getsemaní, pandemia, culpa, ansiedad, temor, sea como se llame la propia prision, quizás sintamos que estamos dentro de esa prisión íntima y profunda, sintiendo que somos triturados y presionados. Pero me emociona saber que tenemos la elección de tomar el camino de la Victoria, mirándonos como nos convertimos en el mejor aceite que Dios tiene como propósito para cada uno de nosotros en este proceso. Veamos algunas de las acciones que llevó a cabo Jesús esa misma noche.
Lo primero que hizo Jesús en el Getsemaní fue correr a su Padre, su prioridad fue ir a la comunión e intimidad con Dios. Y cómo hacerlo? Lo primero quizás es hablarle con sinceridad objetiva, decirle que nos sentimos tristes, vulnerables, humanos. Jesús lo primero que dice es "Mi alma está destrozada", lo primero que escucho ahí es debilidad, humanidad, vulnerabilidad, y lo segundo que escucho es la aceptación de lo que venía, por la confianza que Jesús tenía en su Padre. Mostrarle nuestra debilidad, nuestra humanidad, eso nos da fortaleza y nos proporciona confianza. Una de las cosas a las que he sido llamada en mi relación con Dios es a entender, desde mi propia experiencia eso que tantas veces había escuchado, "La religión nos aparta de Dios, mata la confianza, lo que acerca y estrecha es la relación, la intimidad", algo que no entendía en su momento, pero que al pasar algún tiempo comencé a entender en mis propios pasos. Muchas veces la religión nos llama a seguir estereotipos, ni buenos ni malos, desde mi mirada, simplemente he visto como desde ellos perdemos esa sinceridad objetiva. Ciertamente los líderes de algunas religiones han cambiado estos estereotipos y nos han llamado a acercarnos a Jesús, a Dios, desde nuestra humanidad, y esto lo que hace es que queramos conocerlo más y más, por qué?  Bueno tal vez porque nos sentimos acobijados por un Padre que nos cubre, nos hace sentir protegidos, nos da una paz inexplicable. Y cómo se logra? Cuando aprendemos a tener temor a Dios, y Temor a Dios no es miedo, es respeto y reverencia, es miedo sí a vivir sin Él. La confianza y el temor a Dios van de la mano, por el temor le tengo confianza y me siento escuchada. Jesús en el momento más fuerte de su vida no dejó de reverenciar y respetar a su Padre. La invitación es a que antes de restaurar la confianza es necesario restaurar el temor a Él, honra, respeto, consciencia, importancia, amor, obediencia.
Ojo, no estoy en contra de la religión, pero no es la religión quien nos acerca a la fuente, al diseño original, es la intimidad, la comunión. Es un tema de relacion. Parte de la obediencia es hallar a quien nos discípule, quien nos forme y esto lo hayamos en la religión. Una va de la mano con la otra, obedecemos, buscamos quien nos forme, aprendemos más sobre nuestro Padre y entramos en comunión con Él, establecemos la relación.
Lo segundo que hizo Jesús en el Getsemaní fue obedecer a su Padre. Jesús podía huir, sabía que Judas había ido a venderlo por 30 piezas de plata (Mateo 26:15), podía salir huyendo, pero sabía que Papá tenía algo grande para Él, nada más y nada menos que nuestra Salvación. En Mateo 26:39 y 42 Jesús lo ratifica 2 veces, Jesús le dice en su oración "Que se haga tu voluntad y no la mía"; "...entonces hágase tu voluntad". Aunque Jesús era Hijo, en su humanidad por lo que padeció aprendió obediencia, por qué? Por su relación íntima con su Padre.
Miremos literalmente lo que pasa cuando vamos al gimnasio y queremos fortalecer nuestros músculos. Cuando realizamos alguna actividad física a la que no estamos acostumbrados, lo que estamos haciendo es forzar los músculos para que realicen un esfuerzo más allá del habitual. De esta manera, los músculos comienzan a crecer y toman una textura más sólida, ya que el mensaje que entienden es que como estamos haciendo actividad física nuestro cuerpo necesita contar con músculos más fuertes, por lo que las células que forman las fibras musculares aumentan su desarrollo normal. Cuando esto pasa aparece un dolor muscular muy característico del ejercicio, a veces inclusive puede mermar ciertas capacidades físicas en la cotidianidad. Este dolor es por la ruptura de las fibras musculares, las cuales son microscópicas. Éstas se producen en muchos lugares diferentes y repartidas a lo largo y ancho del músculo que se ejercita. Pero estas micro rupturas comienzan a cicatrizar, inclusive ciertos entrenadores recomiendan seguir el ejercicio aún con el dolor, y una vez que cicatrizan y curan del todo, el músculo vuelve a estar sano pero esta vez más fuerte, y mientras el músculo permanezca fuerte no habrá más dolor, hasta que le digamos al músculo que queremos que se haga aún más fuerte, más grande.
Ahora bien, lo mismo pasa con nosotros a nivel espiritual y emocional. Y quizás esto me lleva a pensar que el ejercicio que hacemos para fortalecer nuestras emociones y nuestra espiritualidad es la obediencia, a Dios, a esa intimidad relacional que tenemos con Él y que debe ejercitarse en el día a día. Inclusive muchas personas lo hacen a través de la meditación.
Cuando pasamos por los Getsemanies o procesos, y no aprendemos de ello, muchas veces tendemos a poner la responsabilidad afuera. Desde que soy Cristiana he entendido que los procesos llevan dos vertientes, una espiritual y una natural, entonces cuando no aprendemos o espiritualizamos todo, es decir, todo es culpa del diablo, o por el otro lado, desde lo natural es culpa de un otro. Si espiritualizamos todo perdemos de vista el aprendizaje desde nuestra humanidad,  y si naturalizamos todo, le quitamos autoridad a Dios y perdemos la obediencia a Él.
Quizás no tengo una receta, pero qusiera regalarte lo que me ha funcionado en mis peores Getsemanies. Lo primero que hago es preguntarle ante todo a Papá "Qué me quieres enseñar?, Qué quieres que aprenda en este proceso?, Que se haga tu voluntad y no la mía". En esos momentos difíciles he aprendido a rendirme, a obedecer, a humillarme ante Él. Lo que más he aprendido es a obedecer. Israel tenía un desierto de 40 días y por no obedecer y entrar en la queja constante se alargó a 40 años.
Y lo tercero que me llama a reflexión, no porque Jesús haya estado en esa situación, sino que al contrario creo que ese es el llamado de las crisis, es que muchos de los procesos que nos pasan en la vida quizás tengan que ver con traernos de vuelta. Tal vez a realinearnos con la voluntad de Dios para nuestra vida. Todos tenemos un propósito, y tal vez cuando nos distraemos Dios utiliza esas crisis, Getsemaní, desierto, proceso, para Realinearnos. No soy de las que piensa que Dios procura las crisis, como lo dije antes, soy de las que piensa que los procesos nos llegan por no obedecer, por no tomarnos el tiempo de escuchar, inclusive a veces en el silencio, los no y los sí de Dios. Pero sí soy de las que creo que "Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que Él tiene para ellos" (Romanos 8:28).
Mis queridos lectores, mi invitación y llamado es a que seamos honestos primero con Dios y así con nosotros mismos, en nuestros peores momentos. Cómo puedo ser lo que Dios quiere que sea si primero no soy honesta conmigo?. Un llamado de Sinceridad Objetiva.
Entrar en nuestros Getsemanies a veces no es consciente o tampoco planificado, pero muchas veces nos encontramos ahí y no sabemos ni cómo ni cuándo entramos, pero lo que sí podemos hacer es aprender al máximo del proceso, correr a Papá para expresarle todo a Él, quien realmente ni nos juzga ni nos condena para así mermar la ansiedad de la crisis, hacerle saber a Papá qué espero de lo que me está pasando, obedecerle tanto en su palabra como en las propias respuestas que nos da en la intimidad profunda de nuestra relación con Él, alinearnos a su voluntad y ahí quizás comencemos a vivir esa respuesta que tanto buscamos, experimentar esa paz que sobrepasa todo entendimiento, una paz extraña, porque en medio de esa gran tormenta, aún puede haber Paz.
Ciertos stop en la vida son necesarios para escuchar Su voz, realinearnos y salir de ese Getsemaní como el mejor aceite que Dios quiere que seamos. En este stop cuál es la voz que estás escuchando ¿ Esa voz te hace permanecer en la prisión o te hace salir a la victoria?




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