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El Caballero Llega.. Cuando Aprendes a Ser Una Dama

Escuela Iberoamericana de Coaching
Publicado de María de los Ángeles Curiel · 9 Agosto 2020
Recientemente publique un post que hablaba sobre la honra y admiración que sentía por los hombres, y el deseo sincero de que todas las mujeres tuviéramos la bendición de tener un caballero al lado (no solo me refería a una pareja), un hombre que le recordara que ella es una mujer.
Fue una reflexión muy comentada y de la cual surgieron inquietudes que hoy me hacen escribir estas líneas. Una mujer muy querida me preguntaba ¿cómo lo hiciste? Y si soy sincera no sé exactamente en qué momento pasó, pero siento que hoy está tan presente en mí, que me es completamente natural. Así que, me permitiré abrirles mi espacio íntimo y sagrado e ir atrás y mirar cómo fue:
Mi historia…
Soy la segunda hija de tres hermanos (la sandwich), con una energía rebelde e inquieta que no fue muy fácil encausar para mis padres. Desde muy pequeña en algún momento me propuse ser la dura, la independiente, autosuficiente que no necesitaba de nadie y era más fuerte que todos, incluso que los varones (a veces lo lograba). Para mí era una competencia de igual a igual. Así crecí y aprendí a ser la chama autosuficiente que resolvía todo y podía con todo, en ese crecer como no tenía pareja, no había una energía que me equilibrara y yo asumí el ser mi yin y yang al mismo tiempo. Me ponía vestidos y maquillaba para las fiestas, pero también iba y yo misma llevaba mi carro al taller y compraba los repuestos (si, también aprendí de mecánica). Ya para aquel entonces, ser Abogada lejos de disminuirme la autosuficiencia me corroboraba que era necesaria para competir en ese medio. Así pues, fui por años la mujer autosuficiente, independiente, inteligente, todo terreno, completamente desconectada de la vulnerabilidad, la que decía que no tenía tiempo para complicarse la vida con un hombre porque ella sola podía con todo.
A los 23 años, llegó a mí una herramienta espiritual llamada Kabblah, y con ella una mujer llamada Karen Berg que decía que “Dios usaba lápiz labial” y fue cuando comencé a leer y entender un poco, de que se trataba la cosa, el tema de los roles, la energía femenina, la masculina, la luz, la vasija, la energía dadora y receptora. Me devoré sus libros e iba entendiendo, pero era eso, entender desde lo cognitivo, no lo hacía cuerpo, lo sabía de memoria, pero muy poco lo aplicaba.
Hasta que llegó el momento que mi balanza personal cambió, tuve perdidas emocionales importantes, y eso me llevo a mirar algunos costos en vida y uno de ellos era la soledad. Empecé a darme cuenta que el problema no estaba afuera, estaba en mí, que algo de lo que hacía o de cómo era yo, no estaba funcionando. Así que decidí comenzar a buscar, y llegué al Coaching y en ese camino tan personal, en una “Franca-conversa” con mi coach empecé a mirar que a mí no me trataban como mujer, porque en mi autosuficiencia jamás me di mi puesto de mujer. Y recuerdo que fue como si un velo se cayera delante de mí, porque no era como los otros me trataban, era lo que YO proyectaba. Creo que fue allí, ese fue el punto de inflexión donde dije, hasta aquí, ya no más, no quiero seguir haciendo lo mismo.
Moví todo de lugar había encontrado el origen de uno de mis quiebres más existenciales, comencé a poner límites donde antes los había quitado, comencé a pedir y aceptar ayuda, y poco a poco la autosuficiencia fue perdiendo sentido, probé las mieles de que otro resolviera por mi o me ayudara, y así me fui sintiendo cada vez más mujer, mostrándome humana, vulnerable, a veces hasta frágil, Imperfecta, y conforme lo iba experimentando, me fui enamorando de la maravilla de ser mujer. Poco a poco eso que había aprendido años atrás y me sabía de memoria, comenzó a tener un sentido distinto, comencé a hacerlo cuerpo e integrarlo como una filosofía de vida. Descubrí que no solo era una mujer (en genero) sino que aprendí a ser una dama en la práctica.
Mi mirada hoy
Ser mujer es un regalo de la creación, y es un regalo aún más valioso que sepamos ser mujer en energía, en contexto, en la práctica. La caballerosidad de un hombre tiene que ver con él y sus valores, es verdad, pero en una gran parte tiene que ver con la disposición de recibir que tengamos nosotras como damas.
Perdí la cuenta cuantas veces no supe valorar eso mientras estaba sumergida en mi autosuficiencia. Tenía hombres al lado, pero yo era la que no sabía ser dama, con lo cual su caballerosidad perdía sentido.
Porque el peligro de no ocupar nuestro rol femenino no solo nos afecta a nosotras, a los hombres también, a ellos les pasan cosas, ellos se cansan de intentarlo y chocar con una coraza, ellos no llegan a una mujer donde ven que no van a poder ser hombres porque el espacio está ocupado por ellas mismas, pueden llamarlo ego, hombría, virilidad, pero a ellos también les pasan cosas, su autoestima varonil también se ve afectada cuando no nos dejamos cuidar y proteger por ellos.  
Hoy creo que la energía es un complemento perfecto cuando cada uno ocupa la suya, cuando yo mujer me dedico a nutrir, contener y lo dejo a él cuidar, proteger y sostener. Cuando yo soy vasija y lo dejo ser luz.
Así que mi invitación para ti mujer, es a estar atenta a tu energía y la energía que proyectas, parece mentira, pero son pequeños detalles los que marcan la diferencia, es decirle lo que quieres comer, pero dejar que él lo pida al camarero, esperar al lado de la puerta para que él la abra y te deje pasar primero, es pedirle/recibir su ayuda, es mostrar tu vulnerabilidad sin pudor, dejarlo cargar las bolsas del super, dejar que te sirva la bebida, dejarlo demostrarte su fuerza.
Por mi parte, hoy sigo siendo una mujer que sabe que dentro de ella hay competencias para resolver y disponer lo que se le presente, porque fueron muchos años haciéndolo, pero que ha decidido dedicar su energía a ocupar su rol de dama y dejar que su hombre sea el caballero que desea ser para ella. Y les juro que cada día estoy más enamorada de la maravilla de ser UNA DAMA…



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