>
Vaya al Contenido

El Control… ¿te impulsa ó te somete?

Escuela Iberoamericana de Coaching
Publicado de María Andreina Albarracín · 14 Junio 2020
Desde muy niña observaba los comportamientos de los miembros que yo interpretaba como referentes y éxitos en mi sistema familiar; eran personas en donde el control se evidenciaba como un rasgo importante y común. Estas personas eran amadas, respetadas, admiradas y con una especie de autoridad en la vida de otros.
Quizás, como todo niño en esa búsqueda de amor, aceptación, inclusión, y quizás también movida por la lealtad y el agradecimiento hacia ellos; dentro de mi inocencia y transparencia, el control se convirtió en una competencia importante que debía desarrollar, es decir; yo quería ser tan importante o tan exitosa como estas personas, y en mi mascara de “niña buena” así fue.
A lo largo de los años aprendí a ser una excelente planificadora y controladora; lo que me convirtió en una persona con expectativas muy altas sobre el mundo, pero especialmente sobre mí misma. Estas expectativas, a su vez me convirtieron en una mujer muy exigente y perfeccionista, en donde los resultados no eran negociables. A medida que alcanzaba excelentes resultados, estos me reforzaban mis juicios y mi manera particular de ser y estar en el mundo.
Aprendí a cumplir las metas de mi vida proyectada en la “niña buena”, era querida y reconocida por mi familia, me empoderé ejerciendo otros roles dentro de mi sistema  familiar que me hacían sentir importante, me gradué, forme mi hogar, obtuve mi casa, mis carros, la vida profesional que quería;  y en esos dominios, nuevamente la admiración y el reconocimiento; y así seguían reafirmándose mis creencias en qué con planificación, ejecución y control, la vida definitivamente podía ser una “línea recta”.
El lado que no lograba ver; era que me encontraba inmersa en un mundo de hacer y hacer, y mientras más hacia, mi sensación de insuficiencia crecía; esto me convirtió en una persona que se acostumbró a ver el vaso medio vacío, enmascarado en oportunidades de mejora; lo que a su vez me impedía reconocer mis logros, como conectar con el disfrute.
En este hacer de cosas, le pedí a Dios estudiar algo que me conectara desde el alma, y que me hiciera crecer como ser humano, pues el alma es sabia y sabe lo que necesita, y Dios me lo concedió. Aquí inicia mi transitar en el mundo del coaching, y comienzan mis “darme cuenta”. Al principio desde mi mente mis avances eras muy lentos, pues mis creencias estaban muy bien sustentadas por mis vivencias, pero como el cuerpo no miente y la emoción tampoco, empecé a notar los pesos que llevaba, el cansancio acumulado, mi poca amabilidad hacia mí e inclusive hasta mi deshumanización para conmigo.  
Gracias al acompañamiento de dos mujeres increíbles, pude transformarme en un nuevo observador; pero me quedaba pendiente el reto más grande, y era transcender los aspectos que más me limitaban, y por supuesto el control seguía siendo una de las aristas más influyentes, pues forma parte de mi estructura de coherencia, por lo tanto, se hace presente en todos mis procesos.
Para los que no me conocen soy venezolana, y como tal; soy una de tantas protagonistas que ha tenido que enfrentar la decisión y el proceso de emigrar. ¿Se pueden imaginar lo que puede significar un proceso migratorio para una persona con esta historia?
Migrar implica darse cuenta que no controlas nada; dejando atrás todo lo conocido, los afectos, la red de contactos, el confort, tus lugares favoritos; yo sentía que me iba a lanzar al vacío, que me encontraba en una balsa en el medio del mar, en fin… se me hacía imposible visualizar un piso para avanzar. Y es que darme cuenta que mi vida “construida como perfecta” y que “mi línea recta” había llegado a su fin, me hacía sentir un miedo aterrador, una rabia inconsciente y una tristeza profunda.
Sin embargo, con consciencia tome todo mi coraje y valentía, y me lance al vacío con el miedo de soltar y la incertidumbre del no saber; navegue en medio del mar con rabia, y con ella me impulse para enfrentar los desafíos que me colocaba el presente; y poco a poco he venido colocando piezas que me van permitiendo construir el piso que voy necesitando para ir avanzando hacia las nuevas oportunidades.
En este proceso he aprendido un sin fin de cosas, pero la que más agradezco, es mi reconexión con mi verdadera espiritualidad, permitiéndome confiar y  disfrutar el sentirme sostenida por Dios;  he aprendido a vivir un día a la vez, a vivir despacito disfrutando de cosas tan sencillas como la contemplación de las bondades que nos regala la naturaleza; asimismo a pesar de lo incomodo,  he aprendido a reconocer mi vulnerabilidad y desde allí a dejarme sostener y ayudar por otros, o quizás lo correcto sería reconocer que me di el permiso de sentirme sostenida.
En esta aventura hay miles de capítulos, los cuales con altas y bajas he venido aprendiendo a manejarme con equilibrio frente al control; y cuando ya me reconozco creyendo que había aprendido la lección, aparece un nuevo reto, y es encontrarme embarazada en otro país, en medio de una pandemia.
Para las que han estado embarazadas, saben que, en un embarazo en un contexto normal, nuestras hormonas hacen que cambiemos de sentimientos y de parecer de un momento a otro sin mucha justificación, saben que necesitamos apoyo emocional y presencia de nuestras familias, ahora bien, una embarazada controladora en otro país en medio de una pandemia, ¿se imaginan?
Mi transparencia volvió a actuar; yo planifique todo lo que creía “podía controlar”; traerme a mi mamá de Venezuela, ella me traería lo que necesitaba y lo que no para el nacimiento de mi beba, no tenía mi médico de cabecera, pero me esmeré en encontrar un excelente especialista como en comprender todo el sistema médico argentino, coordine las actividades de mi hijo mayor para ir a su colegio, las actividades de la casa, etc.
¿Y qué sucedió? Apareció la pandemia y nada de lo que había planificado ocurrió, mis expectativas no se cumplieron. Nuevamente me encontraba frente a la realidad, NO CONTROLAMOS NADA.
¿Se imaginan mis miedos? A parte de los miedos propios del embarazo; miedo al contagio, al aislamiento, a no tener familiares cerca en caso de alguna adversidad aparte de mi esposo, a mi estadía en la clínica, a dejar a mi hijo mayor en manos de otro, a la recuperación sin ayuda ni soporte emocional de mis afectos, a que las cosas que necesitaba comprar me las vendieran y llegaran oportunamente por las restricciones, a ver que nadie en el mundo tiene una respuesta etc…
El final de esta historia, es que las cosas no ocurrieron como las imagine, sino como Dios quiso; Dios no nos quita, Dios nos coloca frente a las experiencias y a los aprendizajes que necesitamos en cada momento. Nos fortalecimos mucho más como padres, como familia, coordinándonos para cubrir las necesidades que íbamos enfrentando; aprendimos a recibir la ayuda de los angelitos que Dios nos iba poniendo en el camino; nuevamente fluí frente al devenir de cada día de una manera más consciente; mi bebé nació sana y hermosa y sigue creciendo en medio de una pandemia de la cual solo se especula y obviamente nadie tiene la certeza.
Hoy puedo concluir que sigo aprendiendo y que esta historia continua; que el control empezó para mí como una herramienta y se convirtió en algún momento en una camisa de fuerzas; que el control sigue formando parte de mi estructura de coherencia la cual se puede flexibilizar pero no romper; que ante cada circunstancia voy a tener el reto de seguir observándome y sintiéndome para no volver a permitir que me domine, sino yo utilizarlo como herramienta para accionar en el fluir que este dentro mis posibilidades; que no valgo por lo que hago sino por quien soy; que hay que tener presente el equilibrio como premisa de vida; que es arrogante pretender ocupar la responsabilidad de Dios queriendo controlar el entorno; que controlar es una fuga de energía que solo causa agotamiento y frustración; que hay que vivir disfrutando el momento presente y ocupando el rol que nos corresponde no otro; y por último y el más importante: que Dios me sostiene y que es maravilloso sentirlo cada día de mi vida.
Y para ti ¿qué significa el control en tu vida? ¿Una herramienta o una camisa de fuerza a la que te sometes?




Praceta Barahona Fernandez, #2, -2.
Loures, Lisboa. Portugal.
2670-525.
Tlf. +351 968 920 994
Creado por Portuniglia Web Design Agency, Portugal.
Regreso al contenido