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Encarando al Oponente Interior

Escuela Iberoamericana de Coaching
Publicado de Alexander Portillo en Coaching Deportivo · 16 Julio 2020
Es 17 de Julio de 1994 en Los Ángeles, Estados Unidos, dos selecciones con amplia historia futbolística se juegan la Copa del Mundo de la FIFA. Tras 120 minutos donde ninguno de los equipos anotó gol, la decisión del campeón saldría del enfrentamiento en los penales. Comienza Franco Baressi por Italia y falla, luego Marcio Santos falla por Brasil, Albertini anota por Italia y también lo hace Romario por Brasil, Evani pone el 2-1 por Italia, pero de inmediato Branco marca la igualdad, Massaro va por la cuarta oportunidad de Italia y falla, Dunga por Brasil responde anotando y colocando el marcador 3-2 y deja a Italia con la obligatoriedad de anotar.
La responsabilidad recae sobre el jugador del momento, el que había anotado en todos los juegos de la fase eliminatoria, el que todos amaban, al que todos los niños del mundo querían imitar, todos lo admiraban. ¡Roberto Baggio voló el balón por encima del arco! Italia caía, Brasil se titulaba tetracampeón. Una jugada de rutina, una jugada practicada una y otra vez, era ejecutada por un profesional, tal vez como un principiante. ¿Cómo pasan estas cosas? Se preguntan todos. La respuesta es: perdió el juego interior.
Timothy Gallway, uno de los precursores del coaching escribió una serie de libros desde la década de los setenta. Gallway, quién fue capitán del equipo de tenis de la Universidad de Harvard, sostenía que, queramos o no, mientras nos enfrentamos a un juego externo, también tenemos en desarrollo un juego interno que nos impide mostrar nuestro potencial al máximo.
De esta manera, Jugadas que en un entrenamiento se llevan a cabo sin ningún problema, son ejecutadas en menor medida conforme a lo que está ocurriendo en ese juego interior donde el oponente del atleta, no es otro sino él mismo.
Hay una manera de conocer si el juego interior va a favor del jugador o a favor de ese contrario interior. Se trata de la actitud que el jugador está mostrando, para ello comenzaremos estudiando este fenómeno: ¿de qué depende? ¿Qué es lo que lo afecta?
La Actitud
El juego interior afecta nuestra actitud, ¿qué es actitud? Mucho se dice en el deporte sobre la importancia de la actitud y ciertamente juega un papel fundamental, ahora bien, ¿qué modera la actitud? ¿por qué unos jugadores reaccionan de una manera y otros de manera diferente? Si todos juegan el juego interior, si todos tienen un oponente interno, ¿por qué unos consiguen mejores resultados que otros en ese juego?
Comencemos distinguiendo que se entiende por actitud. El diccionario de la Real Academia Española define actitud de la siguiente forma:
  1. Postura del cuerpo, especialmente cuando expresa un estado de ánimo. Las actitudes de un orador. La actitud agresiva del perro.
  2. Disposición de ánimo manifiesta de algún modo. Actitud benévola, pacífica, amenazadora, de una persona, de un partido, de un gobierno.
De esta definición remarcamos cuerpo y ánimo y partimos de ellos.
En su libro Como un Hombre Piensa Así es su Vida, James Allen nos dice lo siguiente: “el cuerpo es el siervo de la mente”. Ahora bien, si el cuerpo es un elemento subordinado a la mente y a la vez es un elemento que revela nuestra actitud, entonces podemos saber si ese jugador va perdiendo o no el juego interior a través de su actitud.
El segundo elemento de la definición que traemos a estudio sobre la actitud es: el ánimo, invito al lector, para efectos de este artículo, a ver el ánimo del cual habla la definición de actitud, como el mundo emocional y para explicarlo vamos a ahondar un poco en la ontología del lenguaje, base fundamental del coaching ontológico. En su libro El Observador y Su Mundo: Volumen I, Rafael Echeverría hace una distinción entre emociones y estados de ánimo y los engloba en un dominio que toda persona presenta en su biología, el dominio “emocionalidad” (mundo emocional).
Las emociones se generan cada vez que ocurre un incidente (hecho o suceso que altera el normal desarrollo de algo). Por ejemplo: Si en un juego mientras conducimos el balón, no nos damos cuenta de que por detrás viene un contrario y nos lo roba, esto representa un incidente que detuvo el desarrollo normal de nuestra conducción con el balón y a la vez nos detona una emoción. El tiempo de duración de la emoción esta relacionado con que tanto nos vemos afectados por el evento, si ese jugador mete gol probablemente dure mucho tiempo, pero si mi equipo recupera la bola, inmediatamente mi emoción cambia.
Por su parte, según la ontología del lenguaje, existen cuatro estados de ánimo: Resentimiento, aceptación, resignación, ambición, así los explica Rafael Echeverría en otro de sus libros: La Ontología del Lenguaje. Siempre vamos a estar en alguno de ellos y, por lo tanto, nuestra actitud, de no ser afectada por una emoción (elemento de nuestro mundo emocional de corta duración), será tal como ese estado describe.
Para el entendimiento de los estados de ánimo es preciso hablar de dos frases: “es un hecho” y “es posible”, ellas son opuestas y se relacionan con lo fáctico y lo factible respectivamente. De esta manera englobamos en ellas las cosas que no podemos cambiar y las cosas que son posibles. Ejemplo: “estamos eliminados del campeonato” es diferente a “es posible clasificar”.
Resentimiento
El resentimiento es el estado de ánimo que surge de oponernos a algo que ya es un hecho, por lo tanto, no se puede cambiar. Lo factico no se puede cambiar, en primera instancia pensariamos que es automático el hecho de que hay que aceptarlo pero no siempre ocurre así. Cuando hay resentimiento el afectado cree que se le negó algo que merecía y se queda enganchado con ese sentir. Un ejemplo podría ser cuando luego de efectuar la pretemporada, un jugador queda fuera del plantel. Este podría estar toda la temporada murmurando del director técnico, de la directiva o del jugador que le quitó el puesto y surgen frases como “tarde o temprano me la va a pagar”. La venganza es un producto del resentimiento.
Aceptación
Contrario a rechazar lo que ya es fáctico, tenemos la aceptación de ese hecho. Este estado de ánimo llamado aceptación nos genera paz. Decidimos pasar la página y prepararnos para el siguiente reto. Siguiendo el ejemplo anterior, ese jugador podría (en aceptación), pedir al entrenador seguir con el equipo en los entrenamientos para no bajar de nivel y pelear por un puesto la siguiente temporada.
Podemos realacionarnos con nuestro pasado desde el resentimiento o desde la aceptación, ambos estados de ánimo generan actitudes que los definen, pero ellas son opuestas.
Resignación
Por otro lado tenemos lo que si podemos cambiar. Cuando nos oponemos a algo que si podemos cambiar lo definimos como resignación. He visto a entrenadores en este estado de ánimo, aunque los números dan para clasificar, ellos “tiran la toalla” porque están lejos y se escuchan frases como “ya no hay nada que hacer”.
Ambición
Por su parte la ambición es lo contrario a “tirar la toalla”, es mantener la esperanza aún cuando tengamos todo en contra. Siempre que no sea un hecho y que haya posibilidad, si no tiramos la toalla es considerado estado de ánimo de ambición, los cristianos llamamos a eso "mantener la fe", en palabras de otros sería “mantener esperanza”. Entonces vemos a los entrenadores opuestos al ejemplo anterior, donde, a pesar de estar de últimos en la tabla, mientras mantienen posibilidades luchan por ellas.
Ambos, mundo emocional y cuerpo, revelan nuestra actitud y en consecuencia de conocer la actitud, podemos saber si el atleta va ganando o perdiendo el juego interior.
Como en todo juego, el contrario plantea una estrategia y tiene una alineación, te invitamos a revisar nuestra siguiente entrega para conocer, quienes alinean para el contrario y quienes alinean para nuestro equipo, ademas de comenzar a descubrir con nosotros, ¿cuál es la estratégia del contrario interior?



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