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La Valentía de Ir Por Todo

Escuela Iberoamericana de Coaching
Publicado de Ángeles Curiel · 5 Junio 2020
Hemos aprendido desde la Ontología que el lenguaje nos constituye, y por eso, en esta oportunidad hablaremos de cuentos e historias…
Por muchos años estuve contándome un hermoso cuento, porque vaya que era hermoso para mí, lo coloree a mi manera, le puse las imágenes que quería, de vez en cuando dejaba que alguien agregara uno que otro color, algunas frases, sentidos, capítulos alegres, otros excitantes, algunos tristes o de miedo, pero era mi cuento… y vivía mis días con la osadía de escribir “mi propia historia”, era perfecto. Y es que así somos a veces, nos contamos cuentos, historias con las que vivimos y en ocasiones son hermosas, pero también nos pueden condenar al dolor sin saberlo.
Yo hoy quiero compartirles un cuento que ocupa un lugar muy especial en mi corazón… se llama A orillas de rio…
“Había una vez una niña llamada Lucia que vivía en un pueblo a la orilla de un rio, era muy inquieta y le gustaba explorar lo desconocido.
Un día, siendo muy pequeña, intento entrar a ese rio que tanto llamaba su atención, sus padres, al darse cuenta, corrieron a impedirlo, y para evitar que lo volviera a intentar, le dijeron que en el fondo de aquel rio, había una corriente que la podía arrastrar, y de la cual, tal vez no se pudiera salvar, que era muy peligroso meterse allí… Esta advertencia quedo muy presente en la vida de Lucia…
Así aprendió a estar atenta de no tocar ni siquiera el agua de ese rio, se acostumbró a vivir solo a su orilla, se sentía tan inteligente evitando aquella amenaza, incluso se hizo porta voz de hacerle la misma advertencia a otros niños. Se ideo muchísimos juegos con los que entretenerse y demostrar que no le interesaba para nada saber que se sentía bañarse en el rio, incluso buscaba tobos de agua que traía de su casa y se bañaba cerca de la orilla pretendiendo demostrar que era más divertido y menos riesgoso que entrar allí… Conforme fue creciendo, para su sorpresa, veía como sus amigos lo intentaban, algunos lo disfrutaban, otros entraban y salían lastimados, y esto último a ella en el fondo le encantaba porque era el escenario perfecto para un aliviante y a la vez burlón… “te lo dije”.
Llegó un momento que era tanto lo que le temía a la amenaza de la corriente del rio, que llego a odiarlo, pero a la vez envidiaba silentemente a los amigos que si se atrevían a zambullirse. Con el pasar del tiempo, Lucia se comenzó a dar cuenta que se estaba quedando sola en la orilla, veía como cada vez eran más los que hacían caso omiso a su advertencia y se metían al agua, Lucia volvía a escuchar la advertencia de sus padres y todo lo que había escuchado sobre la corriente del rio y se volvía convencer de que como estaba, estaba bien, que no necesitaba conocer lo que se sentía zambullirse en el rio.
Así pasaron otros tantos años más… ya adulta, Lucia estaba cada vez más solitaria en la orilla, veía a personas entrar y salir del rio, incluso sus amigos ya no sabían que decirle para animarla a probar, ella les hablaba de la corriente, y ellos decían que no era tan fuerte como ella creía.
Fue así como dentro de Lucia una interrogante comenzó a latir con mucha fuerza… ¿y si lo intento? ¿y si me atrevo?...
Pasaron días con esta pregunta en su mente, noches sin dormir cuestionándose la duda... un día cuando no había nadie que viera, decidió intentarlo… aterrada de miedo toco el agua, y rápidamente saco el pie, miraba a los lados, sentía que traicionaba toda la historia que había construido respecto al rio, pero le gustó la sensación, y lo volvió a intentar… está vez se metió a medio cuerpo, sentía la suave corriente en el fondo y era como masajes a sus pies, aún temblando decidió sumergirse completa y observar debajo del agua… para su sorpresa habían hermosos peces de colores, rocas con formas, unas extrañas e intimidantes y otras hermosas, Lucia no podía creer de lo que se había perdido.
Cuentan que después de ese día… Lucia corre cada mañana a zambullirse al rio y casi siempre sale del agua con una sonrisa, que a veces la corriente se la lleva y la arrastra aguas abajo, pero que siempre sale y habla de lo que el rio le ha regalado ese día… y lo viva que se siente desde que dejó de vivir… a orillas del rio…
Puede que haya algo de Lucia en cada uno de nosotros, podemos llenarnos de cuentos e historias, a veces propias, a veces de otros, tratando de silenciar esa esencia o ese susurro que viene desde adentro, hay ríos que intimidan, ciertamente, hay corrientes que pueden ser muy amenazantes para nuestra paz y tranquilidad, hay advertencias que aprendimos de niños que aún siguen marcadas en nuestro ser… pero he llegado a pensar desde mi vivencia, que ese deseo que viene del alma no se calla, no se olvida realmente, y por más que hagamos cosas y vivamos experiencias extraordinarias, queda allí algo que nos recuerda el “¿Qué hubiese pasado si…? ... ¿Y si lo intento?”
Puede llegar a ser muy cómodo vivir a orillas del rio, a orillas de la vida, a salvo, con todo planeado, tranquilo y en paz, podemos irnos por lo seguro y está bien, es una elección muy válida, se vive bien desde allí (lo digo con propiedad). Pero estoy comenzando a sospechar que la vida se nos dió para vivirla, no para contemplarla.
De que me sirve vivir a orillas de un rio si no me puedo zambullir en él, de que me sirve un hermoso vestido en el closet si no me lo voy a poner porque se va a ensuciar, o unos zapatos espectaculares bien guardados “para una ocasión especial”, de que me sirve el amor, si no voy a amar porque me puede doler, de que me sirve soñar si no me despierto para hacerlos realidad … ¿De qué nos sirve la vida sin la valentía de vivirla con todo lo que eso implica? De amar, de sentir, de soñar, de reír y creernos merecedores de esa vida plena ¿Por qué conformarnos con menos si podemos ir por todo? O acaso no fue el creador quien nos dió la vida (así lo veo yo) y todo lo que de él venga es maravilloso… si él puso el rio allí, el amor allí, los sueños allí… ¿por qué dudar que él nos desea ver disfrutándolo, arriesgándonos, alcanzándolos?… Él como buen padre nos lo quiere dar todo… y lo coloca en nuestra vida allí, frente a nosotros, como un rio que está allí, esperándonos… ahora bien…
¿Tenemos nosotros la valentía de ir por ese todo?...




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