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Mientas Tanto

Escuela Iberoamericana de Coaching
Publicado de Ángeles Curiel · 3 Julio 2020
Creo que toda transformación implica en sí, un proceso, muy pocas veces es cómodo, de seguro será un tanto doloroso, posiblemente, haya mucho que desaprender, tal vez sea el momento de dejar atrás viejos patrones que ya no necesitas, soltar amarras, retar creencias limitantes, o simplemente la vida te lleva a dar cambios o se enrumba en caminos que ameritan de que las cosas sean diferentes, de que hay un punto A que ya no está de alguna manera y un punto B que aún no llega.
En el medio de esos dos puntos, por momentos te puedes sentir desnud@, sin esa coraza que te protegía. Pero si renuncias a la idea de ser oruga y te atreves a atravesar ese proceso a corazón desabrochado, seguramente te transformaras en una maravillosa mariposa. Entendiendo que cada proceso es un ciclo, y como ciclo termina y vuelve a iniciar.
Esta reflexión va para justo ese momento, esa fase del proceso de la que poco se habla en las historias, en las hazañas de grandes cambios y transformaciones. Cuando ya no te sientes una oruga toda limitada y temerosa y aún no abres tus alas con el empoderamiento propio de quién reta al viento como una mariposa. Cuando el dolor oprime, preocupa, borra la sonrisa y se vuelve la prioridad.
Es un punto donde ya sabemos lo que no queremos ser, pero no hemos llegado a lo que queremos ser. ¿Cómo vivimos en el medio? ¿Qué hacemos mientras tanto? Este es un punto, donde ya no quieres oír más pesimistas quejumbrosos o cabizbajos, donde no quieres quejas, ni mucho menos dar marcha atrás a tus elecciones, pero por otra parte los optimistas aleccionadores te suenan a ilusionistas y reyes de la falsa felicidad, porque simplemente no puedes concebir que ese punto B sea realmente factible.
Cuando el próximo paso es tan incierto que cualquier pronóstico sería errático, o peor aún, no sabes si es mejor dar un paso o quedarse estatic@. Yo misma no le he encontrado la respuesta a esta interrogante. Pero si hay algo que tengo seguro, es que no existe noche lo suficientemente oscura que evite que amanezca.
En esos momentos tan controvertidos, tan inciertos, la estabilidad, lo tranquilo, lo seguro se convierten en una ilusión, todo cambia, y es casi inevitable que la ansiedad del futuro no tome el control de nuestra emocionalidad, las horas se nos pasan pensando, maquinando, calculando lo incalculable, y así cada quien a su manera y dependiendo de su proceso transitorio particular… Pero esta ansiedad tiene un costo, desde allí nos perdemos el presente, el momento del ahora, el propio acontecer diario, lo que pasa mientras tanto.
Por eso mi invitación en ese mientras tanto, es a salirte de las rutinas, saborear lo particular de estos tiempos con dulzura, abrazar los juegos y las risas, retomar un hobiee, o aprender uno nuevo, cantar bajo la ducha tu canción favorita. Reírte a carcajadas así sea de mentira. Llama a un@ amig@ y ponerse al día. Apagar el teléfono, aunque sea 10 min, regala cosas que tengas en tu casa, o has una tarjeta con tus propias manos, juega con los niños de tu familia hasta que ya no puedas más (son incansables). Y antes de cerrar los ojos, echa una miradita al cielo y agradece, porque tener la posibilidad de hacerlo, ya de hecho, ¡es un milagro!
Con esto solo te quiero decir que, posiblemente muchas de las cosas que valen la pena en la vida no suceden de la noche a la mañana, que lo valioso se toma su tiempo, las transformaciones llevan su tiempo, los cambios llevan su tiempo de adaptación, pero mientras esperamos que sucedan, podemos elegir si pelear con el tiempo, angustiarnos con el tiempo y caer en ansiedad, o podemos hacernos aliado del tiempo para que el mientras tanto sea lo más amable posible.
Porque los procesos difícilmente se saltan, y yo creo que, por salud mental, podemos elegir disfrutarlos, abrazarlos con la conciencia de que mientras esperamos, la vida está en el presente, está pasando, está aconteciendo, está siendo… mientras tanto…




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