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Mirando-ME

Escuela Iberoamericana de Coaching
Publicado de Katheryn Berroterán · 14 Junio 2020
Hace aproximadamente cuatro años mientras estudiaba para certificarme como máster coach, cuya certificación consistía en hacer prácticas constantemente y reportarlas a mi coach tutor, llegó a mí, Sara.
Sara era una mujer de 33 años, con pareja (Juan), de profesión contadora, la mayor de dos hermanas, con padres juntos. Es una mujer amable, inteligente y compasiva. Cuando llegó a mí, mostraba cierta inquietud por su relación de pareja, se sentía un poco cansada, triste, confundida y preocupada, pues su novio le decía que era muy lejana, poco detallista y no muy afectiva, que la relación se estaba deteriorando por culpa de ella y eso la molestaba. Durante esa primera sesión llegamos a un punto donde descubrió que en realidad era rígida, distraída y apática cuando de Juan se trataba, que, aunque se consideraba compasiva, no lo era, por lo menos con Juan no y lo más importante que descubrió, era que su forma de actuar se parecía a la de su papá y eso la quebranto mucho… Hasta allí dejé la sesión, era suficiente en ese momento para ella tal descubrimiento, quedamos para un segundo encuentro.
En esta segunda sesión trabajamos a profundidad ese “parecido” con papá y la raíz de donde venía esto que le molestaba. Colocaré solo algunas partes de nuestra conversación:
- Háblame de tu papá Sara… ¿A qué se dedica?...
S: Bueno mi papá es contador, por eso soy contadora, es el menor de 5 hermanos, es un buen hombre, responsable, nunca nos faltó nada a mi hermana y a mí, a nivel económico digo…

- ¿Entiendo, y a qué nivel sí te falto?...
S: En el emocional, me parece, en lo afectivo… Era un poco estricto, recuerdo de pequeña que no me gustaba que llegara a la casa luego de trabajar, siempre estaba como de mal humor y el ambiente se sentía pesado cuando él llegaba, recuerdo que no hablaba…

- ¿Quién no hablaba?
S: Él… Y bueno yo tampoco…

- ¿Y debido a qué crees que no hablabas?...
S: Es que no tenía nada que decirle, no había temas de conversación, él no me preguntaba nada, no me decía nada y yo tampoco, era como si no nos conociéramos…

- ¿Y cómo era contigo?... ¿Cómo era la relación a diario?...
S: Eeeee bueno no me regañaba como a mi hermana, lo que le pedía para el colegio me lo daba, tenía comida, ropa y eso…

- Fíjate Sara, me estás hablando de cosas materiales y a mí me gustaría escuchar qué cosas tenían en común, por ejemplo, si tú, sabias cosas de él o él de ti, si compartían gustos por algo, si veían televisión juntos, si jugaban, ese tipo de cosas, por ejemplo…
S: (Con la vista pegada al suelo) No, la verdad es que no hacíamos nada de esas cosas que me dices…

- Si te pido que me describas a nivel emocional, afectivo cómo era su relación… ¿Qué me dirías?...
S: No había… No existía… ¡NO ME MIRABA!!... (Empieza a llorar desconsoladamente, la dejo un rato, hago contención – lo necesitaba ella y yo también la verdad – respiramos, se calma) …

- ¿Y eso dolía?...
S: Si, mucho, yo me sentía transparente… Creo que me portaba bien de niña, era buena estudiante y de grande hasta estudie contaduría como él para que me mirara… ¡Para que al menos se volteará y ME MIRARA!...

- ¿Y qué significa para ti que seas mirada?...
S: Es como ser importante, es prestar atención, es querer conocer a esa persona… Es compartir cosas, es que cuando la necesites este allí tanto en las buenas como en las malas… Es tener una relación… Una conexión que al vernos sepamos que dice o siente el otro…

- ¿Y eso no pasaba con papá?...
S: Nooooo, él estaba como en sus cosas… Como distraído de su familia…

- ¿Explícame un poquito más cómo es estar distraído de su familia?...
S: No nos conocía, a ninguna, ni a mi hermana ni a mí, no nos preguntaba que nos gustaba o que no, no sabía nuestros juegos, ni amigos y me parece que tampoco a mi mamá, y lo peor es que no hacia el intento por hacerlo… No recuerdo habernos sentado como familia para compartir…

- ¿Y si hablamos de tú mamá?... ¿Cómo era ella contigo?...
S: Ahhhh ella si me miraba, me sentía amada, por ella y por mi hermana, nosotras tres si teníamos una relación, nos conectábamos…

- ¿Y tú mamá miraba a tu papá?...
S: Siiii pero la mirada a mi papá era distinta…

- ¿Cómo distinta?...
S: Como suplicante…

- ¿Y qué crees que suplicaba?
S: Amor, atención, compañía (Llora)…
- ¿Y tú papá la miraba?
S: A veces, cuando ella ya no quería estar con él, entonces allí él se volteaba y la miraba…

- ¿Y tú como te sentías con eso?
S: Mal, me parecía que mi mamá era una tonta, quería que lo dejara, ella podía ser feliz sin él, que nos fuéramos y no me importaba verlo nunca más…

- ¿Así como era él contigo?
S: ¿Cómo?

- ¿Que no te miraba?
S: Siiiiiiiii (Llora)…

- ¿Y cómo eres tú ahora con Juan?...
S: (Ojos en el suelo) … No lo miro…

- ¿A quién crees que te pareces cuando no lo miras?...
S: Se queda pensando sin despegar la vista del suelo, sube la mirada, me ve y dice: A mi papá…

- ¿Y qué más haces como tu papá?
S: Estoy distraída en mis cosas y no le prestó atención a Juan… No me conecto con él…

¿Qué es mirar?...
Recordando esta sesión me hizo pensar ¿Qué significa para mi “mirar”?... ¿Qué sentido tiene esa palabra?... ¿Qué significará para otros?... Y buscando, encontré los siguientes:
    • Podemos tener todos los medios de comunicación del mundo, pero nada, absolutamente nada sustituye la mirada del ser humano (Paulo Coelho).
    • Muchas veces basta una palabra, una mirada, un gesto para llenar el corazón del que amamos (Teresa de Calcuta).
    • Si miras durante largo tiempo a un abismo, el abismo también mirara dentro de ti (Friedrich Nietzsche).
    • La mirada es posiblemente la más asombrosa técnica humana de cortejo: el lenguaje de los ojos (Helen Fisher).
    • Tal vez no exista una intimidad más grande que la de dos miradas que se encuentran con firmeza y determinación, y sencillamente se niegan a apartarse (Jostein Gaarder).
    • Cuando mires a los ojos a otra persona, a quien sea, y veas tu propia alma reflejada, te darás cuenta de que has alcanzado otro nivel de conciencia (Brian Weiss).
    • Lo esencial es invisible a los ojos (Antoine de Saint-Exupéry).
    • La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante (Soren Kierkegaard).
    • La mirada es una elección. El que mira decide fijarse en algo en concreto y, por consiguiente, a la fuerza elige excluir su atención del resto de su campo visual. Ésa es la razón por la cual la mirada, que constituye la esencia de la vida es, en primera instancia, un rechazo (Amélie Nothomb).
    • 1 Samuel 16:7: Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.
    • Salmos 17:8: Guárdame como a la niña de tus ojos; Escóndeme bajo la sombra de tus alas.
Todas estas frases se parecen bastante a lo que me quería transmitir Sara en relación a su papá y a su “mirada”, parece que para la mayoría de estos autores, “La Mirada” es uno de los sistemas de comunicación más eficiente a la hora de transmitir nuestros pensamientos y sentimientos. Mirar a los ojos a alguien nos hace vincularnos con él, y nada se compara con la sensación que provoca un acto como el hecho de que nos mire quien amamos…  ¿Acaso no es increíble imaginar que la mirada de Dios esta puesta sobre ti?...
Desde siempre se ha utilizado la mirada como elemento de seducción, siendo un aspecto muy importante en expresar atracción, deseo y vinculación. Pero ¿Y qué sucede cuando es al contrario?... ¿Cuándo es nuestra pareja o alguna persona importante para nosotros quien no nos mira?... ¿No sería algo como lo que sintió Sara?... ¿No sería desamor, desinterés o rechazo?...
A veces lo importante no es lo que se mire en sí, sino el cómo se mire, si no preguntémosle a nuestras mamás que con una simple mirada sabíamos si teníamos permiso de hacer x cosa o que estábamos en problemas. Y es allí donde está la conexión, la intimidad que vincula a quienes se miran a los ojos.
Cuando dos personas se miran y mantienen la mirada, se expresan el uno al otro, gran cantidad de información, compartiendo un momento de intimidad, por ejemplo, en coaching no debemos desviar la mirada de nuestros asistidos, pues perderíamos conexión, cercanía con él, cuando miramos a nuestros coachees, no son los ojos lo que pretendemos mirar sino lo que se esconde detrás de ellos.
¿Y cuando se refiere a nosotros mismos?... ¿Cómo nos miramos?... ¿Qué nos dice esa mirada? … ¿Es una mirada de crítica?... ¿De reproche?... ¿De censura?... ¿De rabia?... o por el contrario… ¿Es una mirada de amor?... ¿De perdón?... ¿De aceptación?... ¿O simplemente no lo hacemos?... No nos miramos...
Y mirando-me me hice las siguientes preguntas (Te invito a acompañarme y a que te las hagas tú también): ¿Qué estoy mirando?... ¿Qué realmente quiero mirar?... ¿Qué o quién quiero que me mire?... ¿Estoy mirando lo importante?... ¿Eso que estoy mirando vale la pena?... ¿Me agrega o me quita valor?... ¿Cuántas veces he dejado de mirar a las personas importantes de mi vida?... ¿Cuántas personas han dejado de mirarme?... ¿Y cuando lo han hecho, es por ellos o por mí?... ¿Cuánto de mi felicidad depende de la mirada de los demás?... ¿De qué me estoy perdiendo al dejar de mirar?... ¿En qué estoy “distraída”?... ¿A quiénes quiero mirar o dejar de hacerlo?... ¿Cuánto me he dejado de mirar para mirar al otro? (llámese padres, pareja, hijos, amigos, trabajo, etc.) ... Incluso hasta perder mi identidad o dignidad por ello?...
Estoy segura que encontraremos respuestas valiosas y en caso de que alguna no sea satisfactoria, siempre habrá una manera de hacerlo distinto, al fin y al cabo, como dejo escrito Carl Gustav Jung: “Tu visión devendrá más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón… Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta”.
Descubriendo otra mirada…
Durante la sesión, le muestro a Sara que por lo vivido, ella honra a su mamá pero actúa como su papá, que al “creer” ver a su madre suplicante, vulnerable, débil, no quiso copiar ese patrón, por ende toma el de su padre, ya que era menos “sufrido” y que ahora estaba llevando a su “papá” a la relación de pareja, colocando a Juan en el rol de su mamá, allí fue realmente su quiebre, el hombre a quien ella no quería parecerse, el hombre cuya “mirada” no tenía, estaba haciendo lo mismo con Juan, siendo distante, “distraída”, lejana… Juntas descubrimos los posibles costos que podía tener al mantenerse allí y al terminar, Sara se dio cuenta de varias cosas, lloró, recriminó, se juzgó pero al final comenzó un camino de perdón y aceptación.
Al finalizar su proceso, cuando se despidió, me dijo: “Me cambiaste la vida… Me voy sin rabia contra mi papá y sin tristeza por mi mamá, me voy en paz con los dos y con lo mejor y peor de cada uno, con lo mejor para repetirlo y con lo peor para hacerlo distinto”…
Le conteste: “No querida mía, yo te ayude a mirar y tú elegiste mirar-te”…
Fue su última sesión.
Reflexionando en esta historia y en otras que he escuchado, incluso la mía, creo que en la vida existirán personas que no nos miren, o que mirándonos seamos nosotros quienes no queremos mirar (para ello existe el poder de elegir y es válido y maravilloso, pero que sea consciente dicha elección), incluso nos hemos dejado de mirar a nosotros mismos y en momentos muy dolorosos, hemos podido hasta sentir que Dios ha apartado su mirada de nosotros, pero en base a esta historia y el regalo que me dejó, en cuanto al dolor que podamos sentir, es que tú mirada siempre será importante para alguien -incluso para Dios- y habrá alguien que de seguro te querrá mirar… ¿Estaremos prestando atención?...
El padre de Sara nunca la miró… Murió… pero ya no importaba, ahora era ella quien había aprendido a mirarlo a él ¿Con nostalgia de lo que pudo ser?... Sí, pero ahora la de ella era una mirada distinta, limpia, sana, sin rencor, con misericordia… Quizás nunca lo miraron a él y él tampoco supo cómo hacerlo, quizás… Y está bien, eso no le correspondía a Sara, ella se reconcilio en el silencio con la mirada de su papá y aprendió a mirar-se desde la construcción de un nuevo mirar más allá de lo visible, de lo palpable… Tal vez desde lo invisible, de eso que algunos llaman amor, respeto y compasión…




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