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Prefiere "La Botella"

Escuela Iberoamericana de Coaching
Publicado de Adriana Dávila · 11 Julio 2020
Mi Herida… “El Rechazo” … Pero ¿Qué es el rechazo? El diccionario proporciona diferentes definiciones: resistir, contradecir, no admitir, denegar, mostrar desprecio. Sin embargo, para mí el rechazo tiene una definición adicional, y era preferir a otro antes que a mi… y ese otro era “La Botella” … “No quiere estar presente para mí, prefiere la botella”.
Esta fue mi interpretación durante años teniendo una mamá alcohólica, sumergida en sus propias heridas, que no estaba presente para mí, o no como yo lo anhelaba.
Mi Infancia Desde el Miedo
Desde niña una de mis emociones principales fue el miedo: el miedo a ser rechazada por las personas que amo, el miedo a no ser suficiente para el otro - una botella tenía ese privilegio-, el miedo a perder, ¿principalmente qué? ... el amor.
Aprendí a vivir con este sentir, dejando de ser yo y creando mi máscara de huidiza, aquella que al sentir miedo me ayudaba a huir, a esconderme, a evitar el dolor que me producía no sentirme querida -o eso me hacía creer- pero al final, lo único que conseguía era no pertener.
Mi Relación con mis Padres
De niña rechacé a mi mamá queriendo cambiarla, no aceptándola tal y como fue, perdiendo mi rol de hija “la pequeña” para convertirme en su mamá. Recuerdo rechazar a su familia porque en mi mente eran una amenaza, “mi mamá tomaba por su culpa”, los rechacé tanto que no recuerdo bien sus nombres, tíos, tías, primos, primas, abuelos, todos quedaron en el olvido, perdiendo mi sentido de pertenencia.
Luego, en la adolescencia rechacé a personas muy cercanas a mi papá, esto causaba fracturas entre nosotros y él me castigaba con su silencio, “para mí, era sentirme una vez más rechazada… esta vez por mi papá”, me dolía perder el amor de mi papá. Sin darme cuenta yo lo rechazaba para sentir menos dolor,  al punto, que el día que murió no pude llorarlo (rechacé mi propio dolor). Una vida llena de rechazos. Así -desde la no consciencia- hice más profunda mi herida, una y otra vez, ¿me acostumbré a perder? No, por el contrario, me aferré al miedo de la pérdida.
¿Con qué lentes veo al mundo?
Sin duda a través de una botella, donde me siento rechazada, donde rechazo y sobre todo, donde me rechazo. Esta es la particular forma en la que me forjé en la vida, es como veo el mundo, como siento que el mundo me ve, y como me veo yo.
Mi Herida en Pareja
Hoy tengo 17 años de casada, con dos hijos que son mi vida, un hombre maravilloso, familiar, excelente padre, que me ama. Es el menor de 4 hijos “el consentido de la familia”, con padres amorosos, incondicionales con sus hijos.
A través de los años, hemos tenido grandes diferencias, fracturas, discusiones a nivel de pareja, ya que he juzgado que él tiene apego a sus padres, y puede que sí tenga muchas afirmaciones -acciones- para juzgarlo, pero cuando miro y me pregunto ¿qué hay detrás de lo que siento?... ¡es miedo!… ¿a qué?... a no ser su prioridad, miedo a no ser amada y miedo a perderlo.
He sentido a su familia como una amenaza “La botella”, he vivido una lucha, ya que he deseado anularlos de nuestras vidas -como anulé a mi propia familia, anulando la familia de mi mamá-, teniendo altos costos, como mi infelicidad y la de mi esposo, y de continuar así la de mis hijos. Desgastándome, porque esto sólo me lleva a perder -sigue la pérdida-  perder mi hogar, mi familia, el amor de mi esposo, y el lugar al cual pertenezco, porque finalmente pertenezco.
Mi Camino a la Sanación
Desde mi máscara de huidiza he rechazado por querer protegerme, he anulado de mi vida a muchas personas y circunstancias, sin compasión, ni pudor. Este darme cuenta ha sido poderoso, porque es la fuente de muchas fracturas que me han dejado un profundo dolor y grandes pérdidas.
Hoy puedo agradecer y honrar a la niña que fui, que solo buscaba protegerse de lo que no podía entender, “La botella”. Fue la manera de encontrar explicación al amor que reclamaba, y me formé una estructura pensando que era la forma correcta de andar, de vivir, de sentir y ver el mundo.
Ahora en mi adultez sigo en un proceso de des-enseñarme, dejando atrás los reflejos de botella, transitando el camino hacia el anhelado perdón, con aceptación y amor propio.
“Me honro, me acepto y finalmente pertenezco”




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