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El Valor de Enseñar en el Coaching

Escuela Iberoamericana de Coaching
Publicado de Wilmer Silva · 25 Agosto 2020
En estos días, que han sido tan propicios para profundizar nuestras conversaciones privadas, reflexionaba sobre el valor de enseñar, que constituye uno de los grandes propósitos de mi vida.
Llevo más de 20 años trabajando con equipos de alto rendimiento, enseñando, llevándolos a la reflexión sobre su historia, su devenir, sus infinitas posibilidades creadoras y resolutivas, a través de lo cual he escuchado historias y declaraciones muy gratificantes.
Esta experiencia me ha llevado a pensar en el coaching y las posibilidades que se plantean para enseñar, desde una perspectiva distinta.
Con los esquemas de formación tradicional podemos aplicar diversas herramientas que hemos cultivado, desde los grandes referentes, maestros, filósofos, hasta decantarnos en un estilo personal, que se acopla a las necesidades de nuestros aprendices. Con el coaching, somos un vínculo, un conector con ese aprendizaje, pero nos toca utilizar otros mecanismos, porque tenemos otras distinciones para hacer ver, demostrar y lograr que el coachee se dé cuenta de ello, se abra a las nuevas posibilidades, vivencie ese aprendizaje y pueda alcanzar esos desplazamientos.
Allí, como coaches, tenemos la visión de que ello le permita a los asistidos tener aprendizajes transformacionales. El aprendizaje adquiere una dimensión diferente y nos remite a una posición multidimensional coach-formador-acompañante-entrenador, en claro respeto de nuestra ética y ontología, sobre la base del amor, el respeto a ese otro ser humano, quien desde sus expectativas, sueños, incompetencias, emocionalidad, y también desde sus potencialidades, su capacidad de amar, su búsqueda del conocimiento y de la verdad, espera encontrar respuestas a sus grandes preguntas.
Acompañarlos a sortear la ola, desafiarla, buscar el ángulo más adecuado, para evitar que su impacto no los derrumbe. O comenzar el ascenso de una montaña, darnos cuenta que es un tránsito complejo, retador, respirar, tomar ese aliento necesario, para superar el agotamiento, usar esos recursos que estaban a la espera, y que se acoplan en perfecta sintonía, que nos llevan a descubrir la riqueza del camino, sus espacios, su flora, la multiplicidad de sus colores, el sentido de conquista y realización.
Descubro que en ese camino, los coachees han logrado dar con importantes respuestas, han cerrado ciclos,  han perdonado, han dado nuevos significados a hechos que los anclaban al pasado, han redescubierto sus grandes competencias, y la vida se asoma diferente, con  ambición, esperanza y muchas posibilidades.
Recuerdo casos como el de Héctor, quien desde sus estudios de bachillerato manejaba una actitud de mucho rechazo a aprender inglés, dado que fue objeto de una dura crítica por parte de su profesora. A lo largo de su carrera profesional mantuvo ese juicio, que no le permitía continuar sus estudios de inglés. Tras varias sesiones, pudimos desmontar esos juicios, a través de distintos recursos. El, con muchos estudios realizados a lo largo de su carrera, con sobrado éxito, pudo hacer una reinterpretación lingüística, basado en sus otras exitosas experiencias. Incluso, luego de esa experiencia, me confesó que hizo contacto con su maestra y lograron conversar sobre el incidente, logrando superar este quiebre, abriendo vínculos y espacios para una sana relación.
Otro referente lo constituye el caso de Hilda, una polifacética profesional que debía dar una conferencia ante un público internacional muy calificado y que pese a tener sobradas competencias para asumir esta responsabilidad, se sentía incompetente para hacerlo con seguridad, en un país e idioma diferente. Luego de un complejo trabajo, que requirió planificar sesiones para trabajar los dominios del cuerpo, emoción y lenguaje, a través de distintas estrategias, Hilda logró conectarse con su propósito desde la ambición, al reconocerse con grandes capacidades, experiencia y formación para asumirlo. Como resultado, tuvo gran éxito en su presentación, al punto de ser seleccionada para dar el discurso final a todo el equipo de líderes.  
Dos casos, dos mundos, dos visiones, que como coach me permitieron conectarme con esas necesidades, ver sus historias, sus sueños, y acompañarlos en ese viaje de descubrimientos.  
Como pensaba en estos días, en un momento tan trascendente para la historia de la humanidad, parafraseando a Leonardo Wolf, como coaches nos toca convertirnos en sopladores de brasas, avivar esa llama, esa pasión, ese propósito, enseñarlos a mantenerla viva y vencer sus resistencias, para despertar ese espíritu creativo. Ningún regalo se compara a este, en el que con nuestra acción alguien consiga las respuestas a sus enigmas y nos demuestre sus desplazamientos en el camino hacia una vida de trascendencia.
Es mucho lo que este tiempo nos mueve, nos enseña, y son múltiples las preguntas de quienes buscan nuestra asistencia. Las nuevas formas de relacionarnos con la familia, el trabajo, los amigos y la sociedad, e incluso hacer trabajo y participar en reuniones desde casa, bajo el imperio de la tecnología, surgen como grandes enigmas y desafíos. Allí, educar desde el coaching se convierte en una pasión, un compromiso y una aventura para mí.



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